jueves, julio 17, 2008

Recuerdos

Toma mi pecho, desgárralo con tus propias manos. No dolerá. Verás que dentro de las costillas no encontrarás nada. Solo un espacio carcomido por la desilusión, corroído por la desesperación. No te aflijas mi amigo que ya no tengo salvación, pues ya no tengo corazón. Ya no puedo sentir, ni sufrir. No pude seguir con esa situación y fue mi última salvación. La del cobarde. Arrancar de los sentimientos por no lograr ser valiente y enfrentarme a ellos. Es mi única manera de seguir. Pero no sabes cuanto extraño volver a ser así. Por eso ahora solo vagueo en este espacio reducido. Para mostrarte lo valioso que es la suavidad de una lágrima bajando por tu mejilla. La maravilla de la resonancia de un “te quiero” en tu oído. La vitalidad del miedo ante algo reflejado en una pronta explosión de tu pecho. O el milagro del roce de una caricia en tu piel. Se que no quieres terminar así como yo. Yo para el mundo ya morí. Pero tú me puedes ubicar siempre que quieras. Ya sabes como encontrarme, y jamás me iré porque yo existo solo para que evitemos cometer el mismo error. Ahora debes marcharte, te están esperando y espero no tener que verte aunque sea en mucho tiempo más.
Abre los ojos.